Si dejas la inyección para adelgazar: lo que frena el rebote
Los fármacos para adelgazar de la familia de los GLP-1, como la semaglutida o la tirzepatida, han cambiado la conversación sobre el peso. Pero mucha gente no los toma para siempre: por el precio, por los efectos secundarios o porque ya llegó a donde quería. Y entonces aparece la pregunta que casi nadie se hace al empezar: qué pasa cuando los dejas.
Women's Health publicó en septiembre de 2026 una guía sobre cómo mantener el peso después de dejar estos fármacos, y los médicos que consulta coinciden en algo: el hambre vuelve. Lo que sigue es cuánto peso vuelve con ella, a qué ritmo, y qué cambió el resultado en un ensayo que siguió a la gente un año entero después de terminar el tratamiento.
El peso vuelve, y vuelve deprisa
En enero de 2026 la revista BMJ publicó el metaanálisis de West y su equipo, de la Universidad de Oxford. Reunieron 37 estudios con 9341 adultos con sobrepeso u obesidad que habían dejado un fármaco para adelgazar. El tratamiento había durado de media 39 semanas, y después se les siguió una media de 32 semanas.
Al dejarlo, el peso volvió a un ritmo medio de 0,4 kg al mes. Parece poco, pero no para: mes a mes, la báscula sube. Y lo que había mejorado con el fármaco, como el azúcar en sangre, la tensión o el colesterol, se proyectaba de vuelta al punto de partida en 1,4 años.
Más deprisa que después de una dieta
El mismo trabajo comparó ese rebote con el que llega al terminar un programa para adelgazar basado en dieta y hábitos, sin fármacos. Tras el fármaco, el peso volvió 0,3 kg al mes más deprisa, y la diferencia se mantuvo fuera cual fuera el peso perdido al principio.
La conclusión de los autores es de prudencia: usar estos fármacos poco tiempo, sin un plan más completo para controlar el peso, tiene un precio cuando se retiran. No dicen que el fármaco no funcione. Dicen que su efecto se va cuando se va él, y que lo que se haya construido alrededor es lo que queda.
Un ensayo que miró qué pasa un año después
Lo que el metaanálisis no contesta es qué hacer para que no pase. Ahí entra un ensayo de la Universidad de Copenhague, publicado en 2021 en The New England Journal of Medicine. Adultos con obesidad y sin diabetes perdieron de media 13,1 kg en ocho semanas con una dieta baja en calorías, y luego se repartieron al azar durante un año.
Unos hicieron un programa de ejercicio de intensidad moderada a vigorosa. Otros se pincharon a diario liraglutida, un fármaco de la misma familia que la semaglutida. Otros hicieron las dos cosas, y el resto recibió placebo. Al cabo del año, la combinación de ejercicio y fármaco fue la que mejor mantuvo el peso perdido.
Al dejarlo todo, el ejercicio dejó huella
Lo revelador llegó después. En 2024, Jensen y su equipo publicaron en eClinicalMedicine cómo estaban un año después de terminar el tratamiento. Volvieron 109 participantes. Durante ese año sin tratamiento, quienes solo habían tomado el fármaco recuperaron 6,0 kg más que quienes solo habían hecho el ejercicio supervisado.
Y frente a quienes solo habían tomado el fármaco, quienes habían combinado fármaco y ejercicio habían perdido 5,1 kg más desde el reparto en grupos, con 2,3 puntos menos de grasa corporal. Los autores lo resumen así: el peso y la composición del cuerpo se mantuvieron un año después de dejar el ejercicio supervisado, al contrario que al dejar solo el fármaco.
Lo que estos estudios todavía no dicen
Primero, a quién se estudió. El ensayo danés reunió a adultos de entre 18 y 65 años con obesidad, y el fármaco fue la liraglutida, no la semaglutida ni la tirzepatida. Que el ejercicio proteja igual con ellas es razonable, pero no se ha medido.
Segundo, el tamaño: al seguimiento final volvieron 109 personas, repartidas entre cuatro grupos, así que las cifras tienen mucho margen de error. Tercero, quién lo pagó: lo financiaron Helsefonden y la Fundación Novo Nordisk, y varios autores declaran relación con Novo Nordisk, la empresa que fabrica la liraglutida.
Y cuarto, en el metaanálisis los seguimientos fueron cortos, de 32 semanas de media. Hasta dónde llega el rebote más allá de ese plazo se calcula con modelos, no se ha visto paciente a paciente. A una persona concreta le puede ir mejor o peor que a la media.
Y un matiz que señaló la prensa científica danesa al publicarse el ensayo: en sus gráficas, todos los grupos vuelven a ganar algo de peso cuando termina el tratamiento, también los que entrenaron. El ejercicio no borra el rebote. Lo que hizo fue dejarlo bastante más pequeño.
Si tomas uno de estos fármacos, empieza a entrenar ya
De estos datos sale una cuestión de orden. El ejercicio no se guarda para cuando dejes el fármaco: se empieza mientras lo tomas. En el ensayo danés, lo que dejó huella fue un año de ejercicio hecho durante el tratamiento. Y la fuerza tiene además otro papel, que contamos en qué le pasa al músculo cuando adelgazas rápido.
Busca un ejercicio que puedas sostener: cardio de intensidad moderada a alta y sesiones de fuerza, varios días por semana. En el ensayo era supervisado, y eso pesa: tener a alguien que te espera hace más difícil saltarse días. Si te cuesta arrancar, aquí explicamos cómo construir un hábito de gimnasio que dure.
Si entrenas en Gym Triple X, dos días de fuerza y uno o dos de cardio caben en una semana normal. La decisión de dejar el fármaco, cuándo y cómo, es de tu médico: una de las médicas que cita Women's Health aconseja no cortarlo de golpe y hablar con él de bajar la dosis poco a poco.
Dejar un tratamiento sin perder lo ganado es más llevadero con alguien que vea tus semanas desde fuera. Si te viene bien, un entrenador personal en la Costa del Sol puede acompañarte en ese tramo.
Fuentes
- BMJ (2026). Weight regain after cessation of medication for weight management: systematic review and meta-analysis.
- New England Journal of Medicine (2021). Healthy Weight Loss Maintenance with Exercise, Liraglutide, or Both Combined.
- eClinicalMedicine (2024). Healthy weight loss maintenance with exercise, GLP-1 receptor agonist, or both combined followed by one year without treatment: a post-treatment analysis of a randomised placebo-controlled trial.